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Autor de la fotografía: TodoPeñíscola
Peñíscola consigue la declaración de sus Fiestas Patronales como Bien de Interés Cultural
April 25, 2026 - 15:04
La Concejalía de Fiestas del Ayuntamiento de Peñíscola ha dado a conocer la resolución emitida por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Generalitat Valenciana, mediante la cual se confirma la declaración de las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de la Ermitana como Bien de Interés Cultural (BIC). Este reconocimiento representa el máximo nivel de protección patrimonial que concede la administración autonómica y, en este caso, se otorga como manifestación del patrimonio cultural inmaterial, destacando el valor histórico, cultural, social e identitario excepcional de estas celebraciones.
Con esta distinción, las fiestas pasan a integrarse en el patrimonio cultural valenciano de referencia, lo que contribuye a reforzar su proyección y visibilidad.
El concejal de Festejos, Ramón Simó, ha explicado que el proceso se inició en 2021 con la firme convicción de que las fiestas merecían el mayor reconocimiento, así como su adecuada difusión y protección. Durante estos años, se ha trabajado en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Cultural, ampliando y detallando el expediente mediante labores de investigación y documentación. Tras casi cinco años de trabajo, la comisión técnica encargada de evaluar las candidaturas ha resuelto favorablemente la declaración.
Simó ha subrayado que este logro es fruto de un largo proceso de esfuerzo, estudio y recopilación documental, y ha afirmado que no se trata solo de un reconocimiento institucional, sino también de un acto de justicia y orgullo colectivo. Según ha señalado, la declaración supone la confirmación del enorme valor de las tradiciones locales y representa una celebración de la historia, la identidad y el espíritu de un pueblo profundamente comprometido con sus raíces.
La relevancia de la declaración BIC
El objetivo principal de esta declaración es fomentar el estudio, la conservación y la transmisión de la tradición a las futuras generaciones. Asimismo, implica la obligación de proteger la fiesta y evitar su pérdida o desnaturalización. Además, esta distinción facilita el acceso a financiación procedente de distintas administraciones para impulsar su promoción y difusión.
Ser reconocido como BIC supone un sello de máximo valor cultural que aporta prestigio, protección y nuevas oportunidades, pero también conlleva una responsabilidad importante: mantener la autenticidad de la celebración. En este sentido, la normativa exige respetar los elementos esenciales que motivaron la declaración, prohíbe modificaciones sustanciales sin autorización previa y establece el compromiso de las administraciones para colaborar en su preservación.
El valor de las celebraciones
La declaración se fundamenta en el elevado valor patrimonial, simbólico y sociocultural de las danzas ancestrales de Peñíscola y del conjunto de actos festivos en honor a la Virgen de la Ermitana, tanto a nivel local como regional.
Estas danzas tienen su origen en la Edad Media y han perdurado hasta nuestros días gracias a una transmisión principalmente oral, mantenida de generación en generación. Constituyen, por tanto, una manifestación viva de la identidad cultural del municipio, estrechamente vinculada a su historia como plaza fortificada y sede papal.
Además, las danzas ocupan un papel central en las fiestas, y la población participa activamente en su organización y desarrollo, reforzando el sentimiento de pertenencia y orgullo colectivo. Estas expresiones combinan música, coreografía, vestimenta tradicional y tradición oral, lo que las sitúa dentro de la definición de patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO. Asimismo, representan un ejemplo singular de las danzas rituales del litoral mediterráneo, con características propias que las distinguen de otras festividades valencianas.
Cabe destacar también el compromiso de la comunidad con la conservación de esta tradición, reflejado en el constante relevo generacional que garantiza su continuidad.
Durante los días dedicados a la patrona, las celebraciones se llenan de simbolismo y emoción: repican las campanas, resuenan cantos y melodías de dolçaina y tabalet, junto a la banda de música, mientras los ritmos de castañuelas, bastones y espadas acompañan a los distintos grupos de danzantes —dansants, llauradores, cavallets, pelegrines, moros y cristianos—, en los que perviven vestigios de antiguos rituales agrarios y guerreros. Se recitan loas y parlamentos que escenifican la lucha entre el bien y el mal, y se desarrollan procesiones en las que la comunidad acompaña a la Virgen. Destaca también la construcción del “castell”, una torre humana que simboliza el esfuerzo colectivo y el deseo de progreso.
Finalmente, el concejal ha concluido que esta declaración no solo reconoce de forma justa la singularidad y el valor de las danzas, sino que también resulta necesaria y urgente, ya que protege una tradición viva, amplía su visibilidad más allá del ámbito local y refuerza su transmisión, documentación y sostenibilidad a lo largo del tiempo.
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